Café para dos

La razón principal por la que comencé a interesarme por el café fue por su aspecto federador. Yo pienso que la gente reunida alrededor de una taza de café puede lograr maravillas. Eso suena un poco extraño cuando lo leo en voz alta, pero de verdad creo que el café es una excusa perfecta para reunirse a conversar, a pensar, a cambiar el mundo con ideas nuevas.

Hace unos días leí este artículo en TheKitchn, titulado “In defense of simple coffee brewing”. Estoy de acuerdo con los autores en muchas ideas, porque pienso que preparar o “colar” buen café en casa es una manera de obligarse a tomarse una pausa y pensar un poco en la inmortalidad del cangrejo, en un mundo donde nos dicen constantemente que tenemos que ir más rápido, tener más, lograr conformarnos más a los estándares del mundo… y uno ni sabe bien cuales son, así que se defiende como puede y busca modelos en cualquier sitio.

Por más que me guste el café, no creo que sea lo único que nos permita lograr momentos de ese tipo. Soy de opinión de que hay una cantidad infinita de formas de compartir sueños o de acordarse uno de que los tiene. Para mí, colar un café de una manera sencilla, bonita y que me recuerde que de la simplicidad salen muchas cosas con virtudes, es una manera de asegurarme de que hay instantes que se pueden hacer sin máquinas y que está bien que algo tome más de 30 segundos. Mejor todavía si esos más-de-treinta-segundos son compartidos con alguien.

Café para dos en una mañana de enero
Café para dos en una mañana de domingo
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